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19 janvier

Grande Fratello in via Sigonio

Mis ansias de estudiar acabaron en el mismo momento en el que llegué al 'pakistán' y me pillé 5 Hollandias bien frías, que nos beberíamos en casa de las Cristis. La sorpresa se produjo cuando, sin darnos cuenta, un hilo musical atrajo toda nuestra atención. No puede ser, me dije. Es la noche GH en Italia. Comenzaba así el primer reality de la historia. Polémico, controvertido, solidario, criticado, demonizado.... Pero con audiencias millonarias. Vamos, una máquina de hacer dinero.
 
Pero esta no sería noche de expulsiones. En tal caso de salidas. Nos íbamos de marcha. Con Eva (Valencia), Ceci (Ciudad Real), Álvaro (Murcia) y mis compatriotas Rubén (Vilalba) y David (A Coruña) formamos el escuadrón español. Así llegamos a la fiesta Laurea de un tal Fulvio (siciliano para más señas y laureado en Ingeniería Informática). Una especie de garaje y canciones desde los 50 hasta los 80 invadieron la verbena, amenizada por litros y litros de alcohol que se consumían como por arte de magia. Menos mal que con cuatro neveras llenas, las provisiones sobrevivirían al menos un par de horas.
 
Lo mejor de la noche, además de nuestros bailoteos -en plan pantalones campana bailando Barbara Anne- fue la entrada de la mafia siciliana, digo de la familia del festejado. Él con su sombrero cowboy. Ellas con su abrigo de visón. Qué gracia. Tres generaciones en una misma fiesta. Amigos de la víctima con 10 copas de más y personas ajenas a la celebración (ahí me incluyo) rateando un Lambrusco y unas birrillas.
 
Menos mal que la picaresca española no se hizo esperar. El truco estaba en hacerse coleguilla del laureado. Y así fue. Al canto de "Dottore, Dottore..." lo levantamos en alto en peso, ante la asustadiza mirada de sus familiares (temía por su vida, como es lógico. A ver si tras 6 años de duro estudio se va a romper la crisma el pobre chaval contra el techo o el suelo. No hemos pagado para esto, jaja).
 
Pero lo peor estaba por llegar... Su novia que tras mi despliegue de italiano pijo me dijo que era española. Trágame tierra. Pero su español, entre ecuatoriano y italo-catalán me dejó prendado. Ni que decir tiene que estaba como un parmesano...mmmm. Ahí se acabó la fiesta. Después de una pizza en Due Torri me fui andando hasta casa. Y... otra sorpresa. Rebi (compi de piso) había ideado un sistema grandefratelliano para lavar la loza basado en puntos. (medio punto taza o vaso lavado, un punto cada plato o seis puntos por comida entera). El objetivo: llegar a 500 puntos y salvarse de la limpieza semanal. Desde aquel momento sabía que mi apartamento se convertiría en un GH de andar por casa. La pregunta evidente era: ¿Y quién vigila que nadie haga trampa y se dé algún punto de más? La respuesta estaba en el aire... O quizá en la casa del Grande Fratello in via Sigonio. Still watching us... Si Orwell levantase a testa carallo!!
16 janvier

Machiavelo

El efecto del licor café sobre los italianos no se hizo esperar. A la segunda copa-chupito, el efecto 'licorca' dio paso a una enzarzada partida de cartas. Las reinas de picas, corazones, tréboles y diamantes invadieron la mesa del comedor. No acudió el señor Fournier a la cita pero, qué se le va a hacer. Estamos en Italia... (añorada partida de subastado o tute con Canducho, o meu avó). Así comenzaba una 'serata' de timba. Tapete, copa, puro (sucedáneos) y un español contra una Toscana, y dos del Venetto.
 
Machiavelo. Esa fue la palabra clave. Nadie pensaba en El príncipe. El pensador convertido en juego de cartas. Y qué juego tan divertido...
Todo acabó con la aplastante victoria del debutante. Por fin ganaba a alguna 'gara' en esta casa, después de intentos fallidos en el Risk y el Scrabble italiano. Poio dejó ayer un sello inborrable en via Carlo Sigonio, 11. La baraja de póker falaba galego!!!
12 janvier

Uno de esos días...

 Como cada mañana el sol irrumpió en mi habitación (maldita sea, tendré que arreglar esta persiana que me trae loco). Son las siete de la mañana y mi reloj biológico comienza a moverse. Tras darme una refrescante ducha y tomar mi desayuno continental (dos clementinas y un café bien cargado) de todos los días me dirigí a la facultad. Como todas las mañanas el Metro cayó en mis manos. La ya mítica pakistaní disfrazada con su atuendo verde-naranja me abordó en via Ugo Bassi y, zás!, no tuve escapatoria...
 
Hoy era un día diferente. Era el cumple de Domitila, la mejor amiga de mi compañera de habitación. Casualidades de la vida, mi compi Silvia deja la habitación (sen tempo non era...). Y con la escusa de que Domi cumple 21 y con las ganas que esta rubia me tiene (más puta que las gallinas...) me lanzan una invitación que, como buen chico acepto (y es que ya las había dejado plantadas el año pasado al no presentarme en una de sus famosas fiestas).
 
Aunque la fiesta comenzaba a las diez, yo, con horario español llegué una media hora más tarde. Cuál fue mi sorpresa cuando llego al piso (sin nada para beber, se me había olvidado y ya era demasiado tarde para ir a un pakistaní) entré a uno de los pisos más grandes que jamás había visto para un estudiante. Y es que son siete en el piso (y ella la única chica, imaginaos mi reacción, claro!). Había de todo: comida, bebida y demás sucedáneos que por supuesto rechacé. Al que no me pude resistir fue a una partida a la Play. Y a que no adivináis el juego? Pro Evolution Soccer, un juego jurásico, que no me importó cuando descubrí la tremenda pantalla de plasma con en la que España se enfrentaría a Italia.
 
Como único representante de la piel de toro no tardé en ser el centro de atención. De qué parte de España eres? Cuál es tu squadra de calcio? Galicia está cerca del Báltico? (pregunta que me dejó con la boca abierta) Son guapas las gallegas? y un largo et cètera. Llegados a este punto desplegué mis dotes de vendedor de paquetes turísticos a la nazón de Breogán. Que si se come genial (afirmación que me enzarzó en una ardua discusión con dos cocineros a los que conocí. Finalmente la cosa quedó en empate técnico y dedujimos que Francia debería quedar en último lugar, jaja); que si tenemos playa y montaña; que si podemos salir hasta las tantas de la mañana y que las discotecas y pubs son geniales (además del bombazo del titular "Copas a menos de 8 euros", que causaron furor).
 
A las once llegaban las amigas de Domi (unas ochenta). Muy arregladas y tremendos cañones (che grande sei Italia!). Lo peor es que con tanta testosterona en el ambiente no tardaron en marcharse todas (las ochenta). La plantación era muy grande e, imagináos a un italiano salido con tres copas: babosísismos.
 
La noche llegó a su fin. Mi estómago aullaba de ganas de zamparse cualquier cosa. La pizzería de las Dos Torres fue la solución. Solo y pensativo me fui andando para casa. Como caído del cielo, el chico que reparte el Bologna (un diario de 50 céntimos de euro) arrojó desde el coche un petate a mis pies. No pude resistirme y con mi periódico bajo el brazo me fui para casa. Poco antes de llegar un chaval me pidió que le ayudase con el coche. Él y su novia se habían quedado tirados. Pues nada, a empujar el coche (el tío se cagaba en su novia, había puesto la segunda y así no había manera de arrancarlo. A la tercera va la vencida...).
 
Con mi buena obra del día completa llegué tarareando una canción de Ligabue (recomendable). Mi sorpresea fue cuando, al abrir la cancilla de casa, Rebi (mi compi de piso) estaba sentada fumandose un cigarro y, cinco segundos más tarde y salido de las tinieblas, un can negro enorme (Balú) se avalanzó sobre mi y empezó a lamerme sin parar.
 
Llegamos a casa. Rebi se hizo un peta. No podía dormir y entonces le conté todo lo que había pasado esta noche (algunas cosas evidentemente me las reservo en estas líneas). La última calada al canuto acabó con la noche de uno de esos días...